"PAISAJES TRANSFORMADOS" Y "BAB'AZIZ": 7 de marzo 2008
"Bab'Aziz. El sabio sufí"
*** (Tres)
Espejos y espejismos
Director: Nacer Khemir.
Intérpretes: Parviz Shahinkhou, Maryam Hamid.
Nacionalidad: Francia-Túnez-Irán, 2005.
Duración: 100 mintutos.
Género: Drama.
Merecía mejor suerte el sufismo que su última aparición en nuestras pantallas, hace dos años y pico, con esa "danza del mosquito" in-sufi-ble con que el infame Tony Gatlif cerró su "Exils". Afortunadamente, aquí los tiros y las picaduras van por otro camino, mucho más noble y espiritual, y que entronca con los sedosos y virtuosos cuentos derviches de maestros como Idries Shah. El multidisciplinar tunecino Nacer Khemir se propone nada menos que embotellar un puñado de espejismos milenarios y casi fantasmales antes de que algún viento del desierto se los lleve para siempre o, lo que es peor, que algún político los utilice en algún mítin intercultural o "intercivilizador". La jugada le sale redonda, o piramidal: cada ladera de esta película es un reto para los sentidos y el corazón. Los proverbios y fábulas que el anciano sabio cuenta a su nieta "on the road", la "tagoriana" música de Armand Amar, la fotografía con alma de oasis... Y, sinceramente, merece la pena emprender la escalada, llegar a la cima, o a un repecho, y con toda la tranquilidad del mundo, respirar hondo.
"Paisajes transformados"
** (Dos)
Objetivo discreto
Directora: Jennifer Baichwal.
Con: Edward Burtynsky.
Nacionalidad: Canadá, 2006.
Duración: 85 minutos.
Género: Documental.
La famosa y manoseada sentencia de Spielberg sobre "Barry Lyndon" ("es como ir al museo del Prado sin haber comido") bien se podría aplicar a este documental, hipnótico y fatigoso como ver a un menonita haciendo ganchillo (o haciendo "cualquier" cosa). Para su tercer trabajo en diez años, la selecta Jennifer Baichwal planta firmemente el trípode para que se acomode la cámara de alto rendimiento de Edward Burtynsky, el negativo fibroso de Sebastiao Salgado, un hacedor de imágenes de una belleza grasienta y extrañamente prehistórica. Contemplativo, revelador e interminable, el filme eterniza sus logros en un cruce entre docudrama sobre la explotación laboral en el ancho mundo (nadie le tose aún a "La pesadilla de Darwin") y "power point" sobre las mejores fotos del año que nos suelen mandar los amiguetes por Navidad. Sabíamos que el travelling podía ser una cuestión moral (Godard dixit), pero en el caso del plano fijo y escayolado hay que tener más ídem que el Alcoyano.

